Orientaciones para equipo de dirección de los centros

La prevención de las drogodependencias o de cualquier conducta problemática en los jóvenes no puede conseguir sus objetivos si se reduce a la realización de algunas actividades aisladas cada año.

La prevención es un objetivo más de la educación integral de nuestros jóvenes, que consiste en darles herramientas para alcanzar sus metas personales y sociales,  ayudándoles a alcanzar la madurez  superando dificultades y obstáculos. Supone una intervención continuada desde la primera infancia.

La educación puede realizarse de manera natural, espontánea o con una intervención programada, sistemática, intencionada.

La escuela tiene su razón de ser en ofrecer una enseñanza reglada que además de dar información, también ayuda al alumnado a interpretar su entorno, a desarrollar el sentido crítico, transmite actitudes y valores, pautas, habilidades y estilos de relacionarse, procesos mentales, hábitos… Todos aspectos determinantes también en la prevención de las drogodependencias.

Además, la escuela dispone de un currículo oculto que resulta determinante en la prevención de las drogodependencias. Como señala Amando Vega (1994) el currículo oculto está en la atmósfera de la escuela, los códigos de disciplina, las pautas prevalentes de conducta, las actitudes del profesorado hacia su alumnado y en los valores implícitos en la acción.

Su característica principal es que funciona de una manera implícita, a través de contenidos culturales, de las rutinas, de las interacciones personales y de las tareas escolares, sin ser fruto de una definición consciente por parte del colectivo docente. Así, el profesorado actúa como agente socializador y formador de individuos.

El desarrollo afectivo y social en la escuela, así como la idónea Educación sobre Drogas, dependen seguramente más de este “currículo latente” que de los objetivos/contenidos formales tratados explícitamente (GID, Programa de Prevención de Drogodependencias de la Comunidad de Madrid, 1995).

El equipo directivo de los centros de ESO puede establecer un plan de prevención incluido en el Plan Educativo del Centro, es decir, sistematizar, explicitar los objetivos, poner los medios para conseguirlos, e intervenir de forma ordenada e intencionada, no sólo con unas actividades aisladas, sino implicando a toda la comunidad educativa y todos los aspectos de la vida del alumnado en el centro escolar y revisar periódicamente si el plan establecido está sirviendo para conseguir los objetivos previstos. Pero además, el equipo directivo no debe olvidar la realidad del currículo oculto y por lo tanto debe estar atento a que éste sea el adecuado.

Para ello el equipo directivo debe potenciar una política de centro de educación para la salud, que:

  • Favorezca un clima general del centro acogedor, saludable y minimizador del estrés y la ansiedad, donde el estudiante se encuentre consigo mismo, con los demás, con el mundo, en una interrelación positiva para su crecimiento físico, psíquico y social.
  • El claustro esté comprometido con los objetivos de prevención de las drogodependencias, como  grupo y como profesores individuales,  de manera que todos los profesores:
  • Incluyan los objetivos en sus transversales, con intervenciones coordinadas por los distintos departamentos;
  • Detecten situaciones de riesgo, y cuando las detecten, no miren para otro lado sino que intervengan bien directamente con el/la  educando, bien informando al departamento de orientación o a la jefatura de estudios, según un protocolo de intervención conocido y asumido por todos.
  • Sean conscientes de su papel como modelo. “Las actitudes del educador juegan un papel central, por la función ejemplarizante y el modelo de enseñanza-aprendizaje que se propone al alumnado. Sus observaciones o comentarios, valoraciones personales, sus comportamientos y gestos, su disposición al diálogo, el tipo de actividades escolares que propone, etc. tienen tanta o más importancia que la información que transmiten. De todo este entramado de valores y actitudes implícitas, aunque nadie aluda a ellas, el alumnado está constantemente tomando nota” (GID ,1995).
  • Se establezca un protocolo de intervención en caso de que se detecten casos con problemas de drogas o riesgos de padecerlos, intracentro y de coordinación con recursos de la zona.
  • Se diseñe un plan de acción tutorial que incluya actividades específicas sobre drogas y uso y abuso de las tecnologías digitales y los juegos de azar así como actividades genéricas de habilidades para la vida.
  • En la semana cultural se incluya una línea de trabajo de educación para la salud.
  • Se implique a las familias en estos objetivos: informándoles de las actuaciones que se realizan en el centro en este sentido a través del tutor en la reunión que tiene con los padres al inicio del curso y ofreciendo bien directamente o bien a través del AMPA escuelas formativas para padres y madres en educación y prevención de drogodependencias.