Marco teórico

La decisión de las variables sobre las que intervenir y la estrategia seleccionada ha venido determinada por los siguientes aspectos:

  • El marco de la Educación para la Salud.
  • El estudio de los factores de riesgo y los factores de protección con relación al desarrollo de problemas asociados al consumo de drogas.
  • Las teorías y modelos explicativos en la prevención de las drogodependencias.
  • Las características evolutivas de la población destinataria: Los adolescentes.
  • Evidencia científica sobre eficacia de otros programas de prevención de las drogodependencias en entornos escolares.
  • La experiencia de 22 años trabajando en la ciudad de Alicante aplicando y ensayando programas y actividades y atendiendo a la valoración que de ellos hacen el profesorado, el alumnado, los implementadores externos a los centros educativos y los técnicos de la UPCCA.
  • Búsqueda de la mayor implantación posible a nivel escolar y cumpliendo con los requisitos mínimos de calidad y coherencia con los planteamientos teóricos.
  • El trabajo conjunto de profesores, psicopedagogos y técnicos de prevención.
  • La realidad de los adolescentes de la ciudad de Alicante.

En 1.983, la O.M.S. definió el término educación para la salud como cualquier combinación de actividades de información y educación que conduzca a una situación en la que las personas deseen estar sanas, sepan cómo alcanzar la salud, hagan lo que puedan individual y colectivamente para mantenerla y busquen ayuda cuando la necesiten.

Educación para la Salud es un proceso deliberado de comunicación y de enseñanza – aprendizaje orientado a la adquisición y fortalecimiento de los comportamientos y estilos de vida saludables, a favorecer las elecciones positivas para la salud y a promover los cambios en los comportamientos y estilos de vida no saludables o de riesgo (Costa y López, 2008).

Utilizamos la Educación para la Salud como estrategia de promoción de la salud para prevenir enfermedades y problemas de salud (los asociados directa e indirectamente al consumo de drogas) y para capacitar a los jóvenes para que sean agentes activos de su salud, mejorando las competencias y habilidades sociales para relacionarse bien y resolver problemas, mejorando la capacidad personal para afrontar la enfermedad y las adversidades de la vida, mejorando la capacidad de los jóvenes para participar e influir activamente y con espíritu crítico para transformar su entorno y preparando y orientando para facilitar opciones, decisiones y acciones saludables.

La educación para la salud es uno de los temas TRANSVERSALES sobre los que el centro educativo ha de trabajar y es el marco adecuado en el que incorporar los objetivos de prevención del uso de drogas y de los problemas asociados a éste. Supone actuar no puntualmente, sino que ha de desarrollarse a lo largo del proceso de crecimiento de los jóvenes (LONGITUDINALMENTE) y de una manera globalizada e interdisciplinar, implicando a todos los departamentos y estamentos de la comunidad educativa.

La investigación epidemiológica (Syme, 1991) nos demuestra que los grandes cambios en los hábitos y prácticas de salud no han devenido como consecuencia de los esfuerzos educativos dirigidos a conductas más o menos aisladas, sino más bien como efecto de cambios más globales. De hecho, las prácticas de salud y/o de riesgo no son conductas aisladas. Por el contrario, entrañan verdaderas constelaciones de comportamientos a las que denominamos estilos de vida. (Costa y López, 2008).

Según Sutton (1987) la probabilidad de que un individuo decida cuidar su salud depende de: 1) la percepción de la severidad del daño; 2) la suceptibilidad hacia la amenaza; 3) los beneficios percibidos de la acción recomendada para reducir el riesgo o la gravedad de la amenaza y 4) las dificultades y costes percibidos de adoptar la conducta preventiva. Por lo demás, el modelo asume que deben existir algunas claves internas (síntomas) o externas (campañas de los mass media) que disparen la conducta apropiada, mediante la toma de conciencia del individuo de la amenaza sobre su salud.

Radius y col. (1980) no encontraron relaciones significativas entre las creencias acerca de la salud de los escolares y su conducta habitual relativa al uso de tabaco y alcohol. Respecto de otras drogas, faltan estudios evaluativos de la eficacia del modelo. Sin embargo, dadas las recomendaciones de la OMS y la legislación educativa respecto a la necesidad de que se potencie la educación para la salud de cara a que el individuo sea agente activo de su propia salud, encontramos que es efectivamente la Educación para la Salud un marco adecuado sobre el que implementar el programa.

El fenómeno del uso de drogas es complejo y los factores de riesgo y de protección que influyen en el inicio y mantenimiento de dicho uso son múltiples y afectan las distintas áreas, facetas y aspectos de la vida de la persona: variables físicas, psicológicas y sociales.  Podemos encontrar una revisión y relación exhaustiva de factores de riesgo y de protección en el libro de Elisardo Becoña, 2002, Bases científicas de la prevención de las drogodependencias.

Así mismo el conjunto de factores de protección es múltiple y afecta a todos los aspectos y variables de la vida de los sujetos tanto macrosociales como microsociales y personales.

Para el desarrollo de un programa en un entorno educativo escolar, nos fijamos en el concepto de Resiliencia, que define uno de los factores de protección frente a conductas autodestructivas y problemáticas como puede ser el abuso de drogas. De las distintas definiciones recogidas por Kotliarenco et al., 1997 y Munist et al., 1998, podemos decir que resiliencia es la capacidad del ser humano para hacer frente a las adversidades de la vida, superarlas o incluso ser transformado por ellas. Parte del proceso evolutivo y debe ser promovido desde la niñez. Se distinguen dos componentes: la resistencia frente a la destrucción, esto es, la capacidad de proteger la propia integridad bajo presión y la capacidad para construir una conducta vital positiva pese a circunstancias difíciles. Se ha caracterizado como un conjunto de procesos sociales e intrapsíquicos que posibilitan tener una vida sana, viviendo en un entorno insano.

La Resiliencia habla de una combinación de factores. Garmezy (1993) considera tres factores principales: El temperamento y los atributos de personalidad del individuo donde incluye el nivel de actividad, la capacidad reflexiva cuando afronta nuevas situaciones, las habilidades cognitivas y el compromiso positivo hacia otros; la familia, con presencia de cariño, cohesión, y presencia de un adulto tutor de vida; y la disponibilidad de apoyo social en sus múltiples formas, un profesor interesado, una madre sustituta, una institución… En lo que atañe al consumo de drogas es de esperar que, si incrementamos la resiliencia, las personas quedarían inmunizadas para dicho consumo (Becoña 2002). Otros autores añaden otros factores como el pensamiento reflexivo filosófico, el humor, el perdón/reparación, el sentimiento de transcendencia, el sentimiento de justicia, y la capacidad de dar sentido a las acciones, es decir, de actuar para alcanzar metas predeterminadas, la cultura y la autoestima.

A modo de resumen a continuación exponemos dos gráficos de aquellas características sociales, culturales e individuales que en conjunción, en un momento determinado, incrementan las condiciones de vulnerabilidad de las personas ante el consumo de drogas (Grupo Interdisciplinar de Drogas, GID, 1995):

Interrelación de los factores de riesgo macroambientales y microsociales

Interacción de los factores de riesgo microsociales y las características personales

Son varios los modelos teóricos que contribuyen a explicar el fenómeno del consumo de drogas y la práctica de conductas susceptibles de generar adicción. Este programa se fundamenta en varios modelos teóricos, con una perspectiva integradora de todos ellos (Becoña 2002), centrándose en los que explican la demanda tanto por características psicológicas del individuo como por aspectos relacionales de éste con su contexto más próximo.

El modelo teórico del Desarrollo Social de Catalano, Hawkins y sus colaboradores (1996) explica la conducta antisocial y el consumo de drogas a través de la especificación de relaciones predictivas del desarrollo, dando gran relevancia a los factores de riesgo y protección. Su modelo integra otras teorías previas que han tenido apoyo empírico, como la teoría del aprendizaje social, la teoria del control y la teoría de la asociación diferencial.

La Teoría del Aprendizaje Social y redenominada como Teoría Cognitiva Social (Bandura 1986) determina que las personas se implican en actividades o interacciones a causa de la satisfacción que esperan recibir de ellas. Propone la existencia de tres sistemas implicados en la regulación de la conducta: El primero estaría constituido por los acontecimientos o estímulos externos, que afectarían a la conducta principalmente a través de los procesos de condicionamiento clásico; el segundo serían las consecuencias de la conducta en forma de refuerzos externos, y que ejercerían su influencia a través de los procesos de condicionamiento operante o instrumental; y, el tercero lo constituirían los procesos cognitivos mediacionales, que regularían la influencia del medio, determinando los estímulos a los que se prestará atención, la percepción de los mismos y la propia influencia que éstos ejercerán sobre la conducta futura. Lo que nos llevará a trabajar en el aula procesos cognitivos que intervienen en la toma de decisiones de consumir o no drogas y con los padres y madres el conjunto de límites y normas educativas.

La Teoría de la Asociación Diferencial, según la cual las experiencias proporcionan información empírica que sirven para las acciones futuras. La conducta social y antisocial se aprende. Y se aprende interactuando con otros, familia y allegados. A través de un entramado complejo de relaciones donde tienen más influencia las relaciones duraderas que las relaciones puntuales o esporádicas. Y es este entramado el que aporta los valores, los motivos, las técnicas, el lenguaje…

La teoría del Control, de Hirschi (1969,1995) que hipotetiza que la conducta del individuo será prosocial o antisocial dependiendo de las conductas, normas y valores predominantes que tienen aquellos a los que el individuo está vinculado. La familia, la escuela, los iguales, el contexto cercano de ocio, actividades juveniles, etc, determinan la conducta del individuo, a través de las relaciones que se establecen con ellos, del desarrollo del apego, el compromiso con sus entornos, la participación en instituciones sociales cercanas y las creencias que el entorno aporta o el sujeto cree que tiene el entorno. Por ello, es fundamental trabajar con el contexto. El Programa 12-16 no puede modificar la legislación, la cultura de la ciudad, etc, pero sí pretende incidir en el entorno del adolescente: sobre las familias en el desarrollo del apego, en sus límites, sus normas y sus modelos, sus creencias; sobre la escuela en el curriculum oculto y explícito, en los hábitos de la escuela; y sobre los iguales en el aula donde confronten valores y creencias. Así mismo, el programa pretende incidir en las creencias de toda la comunidad educativa respecto al uso de drogas y respecto a las prácticas de conductas susceptibles de generar adicción. Y trabajar la norma subjetiva que los adolescentes tienen respecto a estas conductas.

El modelo evolutivo de Kandel se basa en que el consumo de drogas sigue unos pasos secuenciales, donde se comienza por unas primeras sustancias de iniciación (drogas legales) que sirven de elemento facilitador para el posterior consumo de otras sustancias, especialmente cannabis en un segundo paso, y luego las drogas ilegales, en los que llegan a consumir finalmente éstas. Según su modelo no es necesario que la secuencia anterior se dé en todos los sujetos por igual. El consumo de una sustancia en una fase incrementa de modo importante y significativo la probabilidad de pasar a la siguiente fase de consumo, pero además hay otras influencias básicas que son la familia, los iguales y factores del individuo y otras conductas desviadas. La utilidad de este modelo ha sido comprobada en varios estudios  de seguimiento, Kandel 1996 y 2002 (Becoña 2002) y es uno de los motivos de que muchos programas preventivos (Órdago, Prevenir para Vivir, Construyendo Salud…), y el que aquí presentamos, centren su atención en prevenir el consumo de las drogas de inicio, es decir, tabaco, alcohol y cannabis.

Otro modelo que explica el consumo de drogas de los individuos es la Teoría de la Afectividad de Pandina y otros (1992), según la cual aquellos sujetos que están deprivados crónicamente de reforzamiento positivo y dominados por persistentes y generalizados estados de ánimo negativos, encontrarán en el uso de drogas la satisfacción de estas necesidades y el alivio a esos estados negativos y, por lo tanto, serán más vulnerables para pasar del consumo casual a otro experimental o de abuso. Aunque en el contexto escolar no podamos intervenir terapéuticamente con la intención de modificar estas características individuales, sí podemos plantearnos fomentar una reflexión sobre la ocupación del tiempo libre saludable como fuente de satisfacción personal, un análisis de la búsqueda de sensaciones nuevas donde el riesgo es un elemento clave en algunos adolescentes, una reflexión sobre el aburrimiento y cómo sobrellevarlo. Así mismo, podemos entrenar al profesorado en la detección de alumnos/as que puedan necesitar un apoyo específico por encontrarse en tal situación.

Teoría de Acción Razonada de Fishbein y Ajzen (1975) que establece que es posible predecir la conducta desde la actitud y creencias del sujeto o desde componentes anteriores o relacionados con la misma como son la norma subjetiva, intenciones conductuales, etc. Esta teoría ha sido ampliamente desarrollada para los programas de prevención de consumo de drogas (Escamez, 1990, 1993). Establece una cadena secuencial entre creencia, actitud, intención y conducta y propone trabajar las creencias y posterior actitud como elementos que intervienen en la predicción de que se produzca o no una conducta. Por tanto, reduciríamos la probabilidad del uso de drogas si se trabaja la información (base de las creencias) sobre drogas y sus efectos y la valoración subjetiva de las consecuencias de su consumo, analizando la norma subjetiva y todo ello con técnicas interactivas y técnicas de comunicación persuasiva, que faciliten la confrontación de valoraciones y el posterior cambio actitudinal (Tobler 1993, 1998 y Escámez 1990 y 1993).

Compartimos con la Teoría de la Conducta Problema de Jessor  y Jessor (1977) la creencia de que las condiciones sociales desfavorecidas de desigualdad y discriminación tienen un gran peso para determinar el riesgo de problemas asociados a las drogas o a conductas antisociales. Como el Programa 12-16 es un programa escolar de prevención universal, será el centro educativo el que lo adaptará a su población, completando actuaciones y coordinándose con otras instituciones para intervenir en esa problemática social. Por lo que no será objeto de este programa profundizar en la intervención social y comunitaria. Sin embargo sí se puede trabajar sobre aspectos personales que se han demostrado que están presentes en todos los casos de RESILIENCIA, es decir, aquellos sujetos que a pesar de sus condiciones desfavorables, superan con éxito las dificultades.

La Teoría Integrativa de la Conducta Desviada de Kaplan (1996) puede explicar la decisión de los adolescentes de ir contra la norma de los adultos o normas convencionales. Pensamos que al ser éste un programa universal, es decir, para todos los adolescentes, cuando la problemática o las características individuales tiende a ser desviada, la intervención convencional, para la media, probablemente no sea suficiente, requiriendo una intervención preventiva selectiva o indicada, lo cual puede decidirse en la aplicación o tras aplicar este programa si así se observa y se valora.

De vital importancia son las teorías pedagógicas aplicables en este programa. La teoría del Aprendizaje Significativo de David Ausubel (1976, 2002), explica un proceso en el que la persona recoge la información, la selecciona, organiza y establece relaciones con el conocimiento que ya tenía previamente. Así, este aprendizaje se da cuando el nuevo contenido se relaciona con nuestras experiencias vividas y otros conocimientos adquiridos con el tiempo, teniendo la motivación y las creencias personales un papel muy importante sobre lo que se aprende. Esto conlleva dotar al nuevo conocimiento de un sentido único para cada persona, ya que cada uno tenemos nuestra historia vital. La teoría del Aprendizaje por Descubrimiento de Bruner (1960,1966) aporta a este proceso de aprendizaje el énfasis en el proceso de descubrimiento personal.

Por último, el Modelo de Desarrollo de la Adolescencia, Perry y Murray (1985), según el cual los cambios físicos y psicológicos del adolescente se han de tener en cuenta en el desarrollo de cualquier programa de prevención de adicciones. Especial importancia cobran las siguientes características: El progresivo alejamiento del adolescente de su familia en pro de su grupo de iguales; el aumento de su capacidad de razonamiento; la situación de tránsito vital en la que se encuentra entre la infancia y la adultez; la necesidad de experimentación; y la importancia de las emociones en su toma de decisiones. Es necesario adecuarse a las características de cada momento evolutivo para que las acciones tengan concordancia con los intereses, las capacidades y la realidad del educando.

La adolescencia es un momento evolutivo caracterizado por el cambio…

Desafíos evolutivos: Adaptación a los cambios de la pubertad; aprendizaje de nuevas capacidades cognitivas; consolidación de un lugar dentro del grupo de pares; manejo de las expectativas sociales relacionadas con el género.

Conductas típicas: Mayor atención a la apariencia física y preocupación por el desarrollo normal del cuerpo; aumento de la capacidad de razonar en abstracto; período transitorio de extrema cohibición; idealismo; sentimiento de invulnerabilidad; fábula personal; mayor propensión a la discusión; mayor conformidad con los pares e interés por lograr su aceptación; mayor atención a las diferencias de roles de género.

Desafíos evolutivos: Manejo de la sexualidad; toma de decisiones morales; desarrollo de nuevas relaciones con los pares; equilibrio entre la autonomía y la responsabilidad ante los demás.

Conductas típicas: Mayor conciencia de la necesidad de los otros y disposición a llegar a acuerdos; en la toma de decisiones sobre el bien y el mal, menos interés en la obtención de  recompensas tangibles y más en obtener la aprobación de otros significativos; aumento del interés y la curiosidad por el sexo; cambios en las relaciones con los pares: formación de parejas; mayor diferenciación respecto al grupo de pares, aumento de la tolerancia a las  diferencias y mayor apoyo a la expresión de la propia individualidad; mayor hincapié en la independencia y la libertad con respecto a las normas parentales; ingreso en la posición de moratoria: mayor interés por definir la propia identidad.

Desafíos evolutivos: Consolidación de la identidad; experimentación de la intimidad; partida de la casa.

Conductas típicas: La cantidad de opciones para el futuro comienza a reducirse; Aumento de la capacidad para la intimidad; posible ruptura de los romances iniciados en la escuela secundaria; menos discusiones con los padres; preparación para “irse de casa”.

El proceso de tomar decisiones basadas en el discernimiento entre lo que está bien y lo que está mal, abarca seis etapas según Kohlberg:

Etapa 1: Evitar el castigo.
Etapa 2: Obtener recompensas.
Etapa 3: Recibir la aprobación de otros significativos.
Etapa 4: Obedecer reglas y leyes.
Etapa 5: Preservar el bien común.
Etapa 6: Cumplir con principios éticos universales y abstractos.

Muy pocos adolescentes ingresan en la etapa 4, y casi ninguno en la etapa 5: la mayoría de 14 años están entre las etapas 2 y 3.; el 60% de los de 16 en la etapa 3; más del 50% de los de 18 en la etapa 3.

En esta etapa de la vida el cerebro sufre una metamorfosis en la cual va descargando todas sus conexiones neuronales innecesarias y ordenando y reforzando las que sí utiliza de cara a ser más eficaz.

En la pubertad, entorno a los 13 años, es donde más conexiones se eliminan, produciéndose un autentico cambio físico y emocional. En la adolescencia se va a reconectar, sufriendo una remodelación hasta el final de la misma, que le va a permitir aprender todo lo que quiera, desarrollar sus talentos, ser metacognitivo y reflexivo, cuestionándose todo.

Los lóbulos frontales del cerebro (en especial la corteza prefrontal) son responsables de las siguientes funcionen cognitivas complejas: El juicio, el control del comportamiento, la planificación, la organización y la memoria de trabajo. Estas funciones requieren más tiempo de maduración y cuya disfunción provoca el comportamiento impulsivo característico del adolescente.

Por ello, además de la influencia de las hormonas, su cerebro, frontalmente inmaduro, tiene como consecuencia que tengan intereses distintos, planifiquen de forma diferente o tomen decisiones más arriesgadas, es decir, su procesamiento cognitivo es sustancialmente distinto al de los adultos. Así pues, aún cuando su cuerpo y el resto de su cerebro sean típicamente adultos, todavía les falta por desarrollar algunas áreas cerebrales responsables del control conductual y de la toma de decisiones que son fundamentales para la prevención y recuperación de los trastornos adictivos.

Finalmente, el sistema dopaminérgico del cerebro, encargado del aprendizaje, la actividad motora, la sensación de recompensa, así como de las sensaciones de frustración y la capacidad de motivación, es más activo en los adolescentes que en los adultos. La dopamina, que es el neurotransmisor característico de este sistema, es responsable del funcionamiento de las partes del cerebro encargadas de adquirir nuevos comportamientos.

Todo esto explica no sólo por qué los adolescentes tienen intereses diferentes y muestran atracción o evitación por actividades distintas a las de los adultos, sino que el placer o aversión que éstas les provocan son más intensos. Éste es un elemento sustancial que hay que tener en cuenta a la hora de entender la génesis de las adicciones y que explica el hecho de que los adolescentes sean más vulnerables a ellas.

Los adolescentes, en comparación con los adultos, se caracterizan por los siguientes comportamientos y capacidades:

  • Aprendizaje rápido.
  • Sensación más extrema de placer, excitación o recompensa.
  • Sensación más extrema de frustración cuando las cosas no salen como esperan.
  • Mayor capacidad de motivación por las cosas que les atraen pero, por el contrario, apatía o aburrimiento (pasotismo) por aquello que menos les gusta.
  • Menor capacidad de juicio.
  • Menor capacidad de consideración de las consecuencias de sus actos.
  • Menor capacidad para planificar y organizar.

A su vez, las actividades sobre las que muestran mayor preferencia o interés son las siguientes:

  • Las relaciones sociales.
  • La sexualidad.

En la adolescencia se va desarrollando en nuestro cerebro un equilibrio entre la razón y la emoción, equilibrio que se va alcanzando a medida que termina de desarrollarse.

A continuación mencionamos aquellas características  que, según el NIDA y el Center for Substane Abuse Prevention, garantizan mayor eficacia a los programas de prevención de drogodependencias.

  • Los programas preventivos deberían ser diseñados para realzar los factores de protección y revertir o reducir los factores de riesgo.
  • Los programas preventivos deberían incluir estrategias de habilidades para resistir el ofrecimiento de drogas, reforzar el compromiso personal contra el consumo de drogas e incrementar la competencias social (como por ejemplo, en comunicaciones, relaciones con sus compañeros -iguales-, la autoeficacia y asertividad en la toma de decisiones), junto con el refuerzo de las actitudes en contra del consumo de drogas.
  • Los programas preventivos para los adolescentes deberían incluir métodos interactivos como grupos de discusión con otros jóvenes en lugar de sólo técnicas didácticas.
  • Los programas preventivos deberían incluir un componente donde se incluya a los padres o tutores para que refuercen el aprendizaje de los chicos, en cuanto a la realidad acerca de la droga y de sus efectos nocivos, y que ello genere la posibilidad de discutir en la familia sobre el consumo de drogas legales e ilegales y la postura que adopta la familia sobre el consumo.
  • Los programas preventivos deberían ser a largo plazo, a lo largo de los años escolares con intervenciones repetidas para reforzar las metas preventivas originales.
  • La escuela ofrece la oportunidad de alcanzar a toda la población de jóvenes y también sirve como un lugar importante para subpoblaciones específicas con mayor riesgo de consumir drogas, tales como aquellos chicos que tienen problemas de conducta, dificultades de aprendizaje, o que tienen un alto potencial de abandonar la escuela y ser marginados.
  • Los programas preventivos deberían de adaptarse a cada comunidad concreta para tratar la naturaleza específica del problema del abuso de drogas en la misma.
  • Los programas preventivos deberían ser específicos para la edad de los chicos, apropiados a su período de desarrollo y ser sensibles a nivel de las diferencias culturales.

Ámbito individual:

  • Fortalecer las habilidades sociales y personales.
  • Diseñar intervenciones sensibles culturalmente.
  • Indicar las consecuencias inmediatas del consumo.
  • Combinar la difusión de información y las campañas de los medios de comunicación con otras intervenciones.
  • Proporcionar alternativas positivas para ayudar a los jóvenes que están en ambientes de alto riesgo a desarrollar habilidades personales y sociales de un modo natural y efectivo.
  • Reconocer las relaciones que existen entre el consumo de sustancias y la variedad de otros problemas de salud del adolescente.
  • Incorporar la identificación del problema y remisión a un tratamiento de ser necesario, dentro de los programas de prevención.

Ámbito escolar:

  • Evitar confiar únicamente en las intervenciones basadas en el conocimiento diseñadas para proporcionar información sobre las consecuencias negativas del consumo.
  • Corregir las concepciones erróneas sobre la prevalencia del consumo junto con otras aproximaciones educativas.
  • Implicar a los jóvenes en intervenciones con iguales o con intervenciones que tienen componentes que utilizan iguales.
  • Hay que proporcionar a los estudiantes oportunidades para practicar las nuevas habilidades adquiridas a través de aproximaciones interactivas.
  • Ayudar a los jóvenes a retener las habilidades adquiridas a través de sesiones de recuerdo.
  • Implicar a los padres en las aproximaciones basadas en la escuela.
  • Conseguir que exista un compromiso para la prevención del abuso de sustancias en la política de la escuela.

Desde el entorno educativo no se pude intervenir ni modificar todos los factores de riesgo ni potenciar ni promocionar todos los factores de protección. Basándonos en lo expuesto seleccionamos aquellas variables pertinentes que tienen más que ver con la dinámica educativa, y planteamos una estructura de programa que permita cumplir unos requisitos mínimos de calidad con una metodología y técnicas que ya se ha demostrado por otros y por nuestro trabajo de 14 años cómo útiles y posibles.

Con este programa proponemos: desarrollar en el aula habilidades cognitivas y reflexivas, así como la empatía hacia otros iguales; trabajar con la familia estilos educativos saludables; formar a los profesores para capacitarles en el desarrollo de actividades preventivas en el aula y en su posible papel como adulto de referencia para un alumno en situación de riesgo; y conseguir un compromiso del centro educativo para  implicarse en el proceso de socialización y desarrollo de factores protectores de sus alumnos.

A modo de resumen señalamos el esquema de la estrategia que planteamos:

Proponemos una implicación global del centro educativo en la prevención de las drogodependencias, que repercuta en un compromiso del profesorado, de los departamentos, del departamento de orientación, del equipo directivo, de los tutores y del AMPA. Dicho compromiso debe adquirirse a finales o a principio del curso escolar para que esté recogido en las programaciones del año escolar.

Proponemos implicar a los padres y madres en la prevención, en particular informándoles de lo que se va a trabajar en el centro escolar y, en general, a través de los grupos formativos para padres y madres en prevención de las drogodependencias.

Desarrollamos unas actividades para realizar en tutorías basándonos en los modelos teóricos expuestos, con técnicas dinámicas e interactivas, facilitando materiales y recursos didácticos. Su realización proponemos que corra a cargo tanto de los tutores como de personal especializado ajeno al centro. Han de ser de fácil aplicación por parte de los tutores, tras una formación específica en la materia. Y con una duración total asequible al plan de acción tutorial anual, cuatro horas lectivas, a lo largo de los cuatro cursos de la ESO.

Editamos y facilitamos materiales didácticos para el alumnado que sirvan de recuerdo y refuerzo de lo trabajado, de manera que se prolongue en el tiempo los contenidos.

Facilitamos una orientación de trabajo transversal para que se refuercen los objetivos desde las distintas asignaturas.

Diseñamos un protocolo de intervención y coordinación con recursos especializados para la detección y derivación de casos en situación de riesgo que requieran una intervención indicada o selectiva.

Diseñamos protocolos de evaluación que permitan conocer si se han alcanzado los objetivos previstos para cada actividad y para el programa en general, centrándonos tanto en valorar la adquisición de información nueva, valoración de cambio de creencias, actitudes, evaluación cualitativa de lo aprendido y valoración de la satisfacción de participar en este programa, tanto para el alumnado como para padres, madres, profesores y profesoras.

Las variables que se trabajan en los talleres son:

1º E.S.O.:

  • Influencia social y presión de grupo: reconocimiento, reflexión, desarrollo de sentido crítico.
  • Valores individuales: reconocimiento y confrontación con iguales.
  • Toma de decisiones: reconocimiento, análisis y procesos de toma de decisiones, ensayo de toma de decisiones razonada.
  • Información sobre tabaco, análisis de norma subjetiva, de influencia social sobre el uso del tabaco, actitudes hacia la conducta de fumar.
  • Uso de videojuegos.

2º E.S.O.:

  • Toma de decisiones, determinación.
  • Motivos de consumo, desarrollo del sentido crítico, análisis de situaciones.
  • Actitudes relacionadas con el inicio de consumo. Expectativas de consumo.
  • Reflexión sobre el consumo de tabaco y alcohol y su relación con los ritos de iniciación.
  • Reflexión sobre la madurez y qué es ser mayor. Libertad y responsabilidad.
  • Influencia social y autonomía personal.
  • Objetivos personales. Proyectos de vida. Metas.
  • Reflexión sobre control de impulsos.
  • Uso de las tecnologías digitales.

3º E.S.O.:

  • Tiempo libre, alternativas de ocio.
  • Confrontación de valores.
  • Información sobre conceptos básicos de drogas.
  • Actitudes hacia el consumo.
  • Norma subjetiva con relación al consumo de cannabis.
  • Información sobre cannabis.
  • Resolución de problemas.
  • Desarrollo de la empatía.
  • Confrontación de valores.
  • Abuso de Internet.

4º E.S.O.:

  • Información sobre alcohol.
  • Reflexión sobre la norma subjetiva sobre el consumo de alcohol.
  • Gestión de riesgos sobre el alcohol. Análisis de casos.
  • Fomento de la empatía y la solidaridad.
  • Influencia social con relación al consumo de alcohol.
  • Desarrollo del sentido crítico y análisis de la realidad social: el botellón.
  • Confrontación de valores.
  • Ensayo de asunción de responsabilidades sociales.
  • Juegos de Azar: sesgos cognitivos, probabilidad y publicidad.

Las variables que se trabajan en los cursos formativos para padres y madres son:

  • Características de la adolescencia.
  • Factores de Riesgo/factores de Protección vinculados al consumo de drogas.
  • Conceptos básicos sobre drogas.
  • Información sobre tabaco, alcohol y cannabis.
  • Epidemiología: realidad de consumo de los jóvenes.
  • La comunicación en la familia.
  • La organización en la familia: normas, límites y negociación.
  • El proceso de autonomía de los hijos.
  • Gestión del ocio y del tiempo libre.
  • Estrategias de intervención ante los problemas relacionados con el uso de drogas.
  • Recursos específicos donde acudir en caso de consumo problemático.